A finales del siglo XIX surgió un buque de guerra pesado cuyo nombre, acorazado, derivaba de su grueso blindaje preparado para resistir los impactos de la artillería. Más de un siglo después, algunos analistas se preguntan si los portaaviones se han convertido en los “nuevos acorazados”.
Por Clarín
Además de su blindaje, los acorazados eran de gran tamaño (mucho más grandes que los destructores y las fragatas) y tenían gran potencia de fuego (cañones de gran calibre montados en torretas).
Entre los más famosos figuran el USS Missouri, donde se firmó la rendición japonesa en 1945; el Bismarck, de Alemania, uno de los más temidos de la Segunda Guerra Mundial y el Yamato (Japón), el acorazado más grande de la historia.
A medida que la aviación naval y los misiles cambiaban las características de la guerra, los acorazados perdieron protagonismo y, de alguna manera, fueron reemplazados por los portaaviones.
El mayor temor de la Marina de EE. UU.: los portaaviones se convierten en el nuevo «acorazado»
El sitio especializado en defensa y seguridad nacional 1945 afirma que “submarinos, misiles hipersónicos y satélites han puesto en duda la capacidad de supervivencia del portaaviones. Sin embargo, este sigue siendo fundamental para la estrategia naval estadounidense”.
Luego se pregunta que, en un entorno estratégico donde Estados Unidos debe enfrentar a competidores similares que pueden amenazar directamente a los portaaviones, vale la pena desplegar los enormes portaaviones.
De hecho, Estados Unidos cuenta con algunos de los portaaviones más grandes del mundo. La mayoría pertenece a la clase Nimitz, con propulsión nuclear, pero ya existe la clase Ford, más avanzada. El detalle de los grandes portaviones estadounidenses es el siguiente:
USS Nimitz
USS Dwight D. Eisenhower
USS Carl Vinson
USS Theodore Roosevelt
USS Abraham Lincoln
USS George Washington
USS John C. Stennis
USS Harry S. Truman
USS Ronald Reagan
USS George H. W. Bush
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