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La pareja venezolana que está detrás de una de las chocolaterías más exitosas en Houston

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Rocco De Grazia y Giusseida Sicoli. Foto: Cortesía

En la competitiva escena gastronómica de Houston, Araya Artisan Chocolate logró posicionarse con una propuesta tan refinada como auténtica, elaborada con cacao venezolano. Al frente figuran Rocco De Grazia y Giusseida Sicoli, una pareja de criollos que transformó una firma ya establecida en un negocio próspero, al elevar su identidad con un sello de exclusividad que se diferencia del producto común para brindar experiencias memorables.

Pero el verdadero valor de su éxito va más allá de la elegancia del empaque, la variedad de sus sabores, las colecciones de temporada y la atención de clientes de alto perfil. La historia de la empresa chocolatera también está marcada por la disciplina financiera, la visión estratégica y una dedicación minuciosa que ha impulsado la evolución de una marca artesanal con proyección en Norteamérica. Sus actuales dueños revelaron a La Patilla las claves detrás de este crecimiento.

lapatilla.com

La historia de ambos comenzó lejos del mundo de los chocolates. Rocco emigró a Texas en su juventud para formarse como ingeniero electrónico, carrera que todavía ejerce activamente en la industria tecnológica. “Soy ingeniero electrónico, continúo en esa área y participo en el negocio más que todo desde el punto de vista de apoyo estratégico y direccional para la marca. Y pruebo los chocolates obviamente, control de calidad”, comentó entre risas el oriundo de Upata, estado Bolívar.

Por su parte, Giusseida, nacida en Guasipati, cursó odontología en Puerto La Cruz y luego viajó a México para especializarse en ortodoncia, lugar donde conoció a su actual esposo. Tras contraer nupcias se mudaron a Estados Unidos, hasta que decidieron vivir un tiempo en Suiza, pero el clima y la frialdad social los impulsó a regresar a suelo norteamericano. Ya establecidos y con dos hijos pequeños, buscaron opciones seguras de inversión. Un chef pastelero les presentó la valiosa oportunidad de adquirir una bombonería ya establecida por otros compatriotas.

Giusseida Sicoli. Foto: Cortesía

El acercamiento de la odontóloga al universo del cacao resultó paradójico. Durante su infancia, su padre administraba una panadería donde ella misma revendía los dulces que recibía como obsequio regular. Sin embargo, su paladar no sentía afición por estas golosinas hasta que la compra de la empresa cambió su perspectiva por completo. “A raíz de esta idea, de comprar Araya, fue que me enamoré del chocolate en realidad. Empecé a conocer más y a apreciar más el chocolate”, confesó la actual artífice culinaria.

Sello de identidad

El concepto central del proyecto se fundamenta en la pureza absoluta de los ingredientes. La entusiasta pareja de emprendedores evita el uso indiscriminado de aditivos químicos; además, utiliza cacao nacional, reconocido mundialmente por su calidad superior, para elaborar productos simples pero sumamente sofisticados. Esta es una manera de que la marca encuentre su propio camino y se distancie del mercado masivo local, el cual suele depender de aceites vegetales y azúcares en exceso, ofreciendo así una verdadera pieza de arte comestible.

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Para Rocco, la educación del consumidor texano representó un desafío asumido desde los inicios de la compañía. “Araya marcó un hito en la historia culinaria del chocolate acá en Houston, y mucho de ese crédito obviamente es a los fundadores”, explicó el ingeniero. “Araya, desde su fundación hace ya 16 años, quiso educar el paladar del consumidor de acá, y ofrecerle al consumidor de Houston y de Texas un chocolate fino que antiguamente podían encontrar en Europa”. Esta base sólida les permitió enfocarse de inmediato en optimizar procesos operativos y mejorar los márgenes de rentabilidad del naciente negocio, sin descuidar el prestigio que obtuvieron.

“Sabíamos que teníamos una base muy sólida con respecto a la atención al cliente, sabíamos que teníamos un producto excepcional en las manos porque como parte de la diligencia que hicimos para comprar la marca, estuvimos allí en las tiendas viendo cómo era el trato y la aceptación del producto por el cliente. Sabíamos que teníamos un producto muy bueno”, acotó Rocco.

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Por ello, el pilar fundamental de la marca recae sobre la atención personalizada y minuciosa. Envían paquetería a 48 estados del país, actividad que exige un cuidado milimétrico para evitar contratiempos logísticos con los despachos diarios. Saben que sus compradores invierten sumas considerables en regalos de alto valor sentimental y exigen perfección. “Cuando hablo de servicio es que nuestro grupo está entrenado para revisar todos esos factores (…) La expectativa no es solamente que el producto sea de altísima calidad, sino el servicio excelente”, explicó De Grazia.

Pero otra característica distintiva de la administración actual de Araya se basa en la innovación constante y sus más de 36 sabores lo demuestran. Giusseida asumió la responsabilidad de crear combinaciones atrevidas que desafían a los paladares más conservadores del área. Un claro ejemplo ocurrió con la receta de mango-habanero, la cual modificó drásticamente tras notar su falta de intensidad frente a clientes exigentes. 

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“No picaban absolutamente nada. Para un mexicano, si le dices que tiene habanero, tiene que picar. Un americano quizás no lo compra, pero el mexicano que sabe qué es habanero te lo va a comprar y va a esperar que pique. A una receta de 220 chocolates se le echaba un solo habanero. Ahorita le echo 11 habaneros, y es uno de los más vendidos”, relató con evidente orgullo.

Un chocolate de grandes ligas

Y la empresa también fomentó un arraigo en la comunidad que se evidencia incluso en las tradiciones familiares que sus clientes mantienen fielmente año tras año. Ahora que se acerca la Pascua, Giusseida detalló cómo sus figuras se convirtieron en un clásico indiscutible dentro de sus mostradores. “Siempre me llama la atención porque es una tradición que la gente ya ha creado. Compran huevos de pascua porque son grandes, costosos, que vienen con un martillo. La gente tiene la tradición de comprarnos el huevo y regalárselo a otra familia, me parece algo súper lindo. La marca ha creado tradición. Es una tradición regalar Araya, y eso me encanta”.

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La expansión física también formó parte crucial de su visión estratégica desde el primer día. Inicialmente, la fábrica operaba en Katy, una zona concurrida de venezolanos, pero distante del centro de la metrópoli, lo que dificultaba la logística cotidiana. Tras un año de intensas remodelaciones en una estructura histórica, lograron mudar su sede principal con éxito. Ahora operan desde The Heights, el epicentro gastronómico de la ciudad, rodeados de restaurantes emergentes y equipados con tecnología de altísima punta para la confección.

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El reconocimiento de la marca trascendió al público general para captar la atención de grandes entidades financieras y franquicias deportivas. El equipo de Araya maneja pedidos corporativos de proporciones masivas, destinados a directivos élite de firmas globales. “Una de las órdenes más grandes en las que trabajamos el año pasado fue el banco más grande de Francia, Société Générale. Nos encargó hacer una Torre Eiffel de chocolate. No una, sino casi 600 torres”, detalló el empresario sobre el monumental reto.

Incluso el ámbito deportivo reconoció la innegable excelencia de estos productos con acento criollo. Cuando los Astros de Houston conquistaron la Serie Mundial, la bombonería recibió un encargo verdaderamente especial y memorable. “Nos contrataron para hacerle una cajita a cada jugador, esa de hecho está en la página web, si te metes en Regalos Corporativos, está la caja que le hicimos”, recordó De Grazia con emoción.

Visión sustentable y trabajo en equipo

No obstante, mantener a flote una estructura tan compleja requiere una disciplina fiscal bastante rigurosa, especialmente en un rubro comercial con picos y caídas estacionales. Las ventas disminuyen notablemente durante los meses cálidos del verano texano, etapa que aprovechan sabiamente para planificar y reestructurar inventarios. “En el negocio de nosotros, es un negocio cíclico. Estamos muy bien vendiendo muchísimo en septiembre, octubre, noviembre, diciembre y de repente en enero no se vende nada. La gente no come chocolate en enero, y después en febrero sí se come porque es el Día de los Enamorados. En verano la gente no come chocolate, sobre todo en un verano tan caluroso como el de Houston. Las ventas bajan mucho, tienes que aprender a planear qué hacer con esos meses”. 

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Y es por ello que el ingeniero monitorea sin descanso los mercados financieros y el valor internacional del cacao para anticipar cualquier impacto negativo en sus costos de producción y salvaguardar la rentabilidad del proyecto. “No sé cuántos dueños de empresas pequeñas tienen el televisor en Bloomberg viendo los mercados, viendo el precio del cacao, viendo todas las cosas que nos afectan a nosotros como comerciantes. Te digo esto porque mucha gente, inclusive amigos a los que somos mentores en cuestiones de negocio, arrancan un negocio sin una vista muy clara acerca de lo que es el flujo de caja”, expresó Rocco.

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En esa línea de cómo impactan los costos en el negocio, la visión sustentable y la estética fueron transformados de forma radical bajo esta nueva gerencia. Al notar los altos costos y el impacto ambiental negativo de las cajas anteriores, decidieron rediseñar por completo los empaques. Implementaron materiales reciclables y establecieron un programa de recompensas para los clientes que reutilizan sus envases amigablemente. También, renovaron el portal web y la identidad visual de cada pieza, para armonizar de forma perfecta la presentación externa con la exquisita calidad interna.

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Además, detrás de las pesadas maquinarias y los números exactos, prevalece el esfuerzo incansable de una familia numerosa. Con tres niños pequeños en casa, la dinámica diaria requiere sincronía total entre ambos esposos. Durante las temporadas de mayor demanda, como la agitada época decembrina, las responsabilidades se dividen de forma equitativa para evitar el colapso del hogar y del taller. El apoyo mutuo resulta absolutamente indispensable para cumplir con entregas kilométricas y mantener la paz familiar.

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“Con tres hijos, yo aquí como soy la que hago las cosas, a veces en diciembre, como él decía, esa orden de las casi 600 torres. El año antepasado fueron solo 175. Entonces de repente él me dice en octubre: ‘Vendimos las 600 torres’. Yo pensé: ‘con 12 moldes, ¿cómo lo voy a hacer?’ Tuve que dividir los días, los meses, las horas, cuánto tengo que llenar la máquina, un trabajo arduo. Si él no cuidara a los niños en diciembre, esto colapsa aquí. Porque él en diciembre es niñero también”, contó Sicoli. 

La fórmula del triunfo

Para que Araya se consolide aún más en el futuro requiere que la marca adopte nuevos e interesantes retos. Aunque  Rocco y Giusseida consideran abrir nuevas locaciones físicas y expandir su presencia en supermercados texanos, su meta principal apunta directamente al entorno virtual. 

Giusseida Sicoli. Foto: Cortesía

“Ya estamos en una etapa en la que nos toca penetrar más el mercado digital. Cosas como crear una base sólida en Instagram, seguir creciendo la página web. En términos de tiendas físicas, tenemos el ojo puesto en dos localidades cercanas acá en Houston, así como también la expansión en uno de nuestros supermercados a once tiendas adicionales en todo el estado. Sí hay expansión, pero nuestra meta realmente está en el segmento digital”, mencionó Rocco.

Más allá de eso, al reflexionar sobre las claves que sostienen este dulce triunfo empresarial, la respuesta puede parecer obvia. No existen fórmulas mágicas ni atajos ocultos, todo se trata de un compromiso con el trabajo bien ejecutado. “La atención al cliente, la atención al detalle y la calidad, creo que es la fórmula de todo. Sin esas tres cosas no se puede. También el apoyo de mi esposo”, concluyó Giusseida.



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