Tumbada en la litera, hacinada con otras cinco mujeres en una celda del sótano del terrible Helicoide, la dirigente opositora hispanovenezolana Catalina Ramos sobrevivió nueve meses a la crueldad del chavismo. Coordinadora nacional de las asociaciones ciudadanas de Vente Venezuela (VV), partido de María Corina Machado, y muy cercana a la líder democrática, Ramos concede a EL MUNDO la primera entrevista de un excarcelado con nacionalidad española. Y lo hace desde Tenerife, la isla de donde procede su familia y donde viven su madre, su hermana y sus tres hijos.
Por Daniel Lozano | EL MUNDO
Las cinco mujeres con las que compartió celda de cuatro por seis metros, en un sótano y con muy pocas horas de sol a la semana -sólo una hora en los peores momentos-, ya están libres, una de ellas en España, la también hispanovenezolana Sofía Sahagún.
EL MUNDO: Usted pudo salir de Venezuela pese a las medidas judiciales impuestas por el chavismo.
Catalina Ramos: Sí, a mí me entregaron una orden de excarcelación con todos los delitos horrendos (terrorismo, asociación, conspiración con gobierno extranjero y traición a la patria). Me asignaron medidas cautelares de presentación cada 15 días. Pero, cuando se aprobó la Ley de Amnistía, el defensor público introdujo la solicitud de sobreseimiento de mi causa.
Desde el primer momento contó con la ayuda de la Embajada de España.
Catalina Ramos: Estuve acompañada todo el tiempo por el embajador Álvaro Albacete, por el cónsul y los funcionarios del Consulado; no me sentí abandonada o demasiado vulnerable. Todos mis documentos, las llaves de mi casa, mis equipos, mi computadora… todo eso se lo quedó el SEBIN (policía política del chavismo). Nunca me lo devolvieron; de hecho, le pregunté al director del Helicoide que si no me iban a devolver al menos las llaves de mi casa. Consultó por teléfono, le dijeron que no y le dieron una lista de las cosas que podía retirar: cuadernos y agendas. Cuando la funcionaria de la policía migratoria me preguntó por mi pasaporte, le contesté que lo tenía el SEBIN. La cara de ella cambió. Al final me selló -tras consultar con sus jefes y tras una breve charla con el embajador español- el pasaporte español para salir. Me preguntó si me habían devuelto alguna de mis pertenencias. Le dije que no.
EL MUNDO: Fue detenida durante la oleada represiva tras las elecciones parlamentarias fraudulentas de mayo de 2025. «Crueldad infinita», dijo entonces Machado al conocer su captura. ¿Se encontraba ya en la clandestinidad?
Catalina Ramos: Sí, desde el 6 de agosto de 2024, cuando se llevaron a María Oropeza; lo vimos en vivo [grabación por redes]. Desde entonces estuve en resguardo, en clandestinidad, hasta el día 26 de mayo, que fue el día en que me llevaron. Permanecí en la misma casa de un amigo y me cambié, con esa misma familia, que me apoyó muchísimo. En la clandestinidad, una de las cosas que uno tiene que aprender es desvincular el teléfono y la computadora. O sea, todos los equipos, desvincularlos de todo. Yo no tenía ninguna experiencia en eso, porque mi trabajo siempre ha sido muy público, no es un trabajo que tenga nada de malo. Al contrario, creo que es muy necesario para un país como Venezuela, porque es organizar a la ciudadanía. Obviamente estaba en comunicación con mi familia, pero ellos no sabían dónde estaba yo. El día que me llevan, en la mañana, me escribe una persona de la familia, que estaba en otro sitio, y me dice que se llevaron al joven que me consiguió ese lugar. Más tarde abrieron la puerta de la habitación, preguntaron mi nombre y entraron, sin identificación, ni uniforme, ni orden de detención, absolutamente nada. Me montaron en un carro [vehículo] que tampoco era ni patrulla ni tenía identificación de nada y vine a parar al Helicoide. Nunca había ido al Helicoide, pese a las protestas y las vigilias. Sólo conocía la imagen lejana del Helicoide.
EL MUNDO: ¿Qué sentiste al entrar a la cárcel más famosa del chavismo?
Catalina Ramos: No puedo negar que tenía miedo, por supuesto. Estaba a la expectativa de qué pasaría, porque -no sé si será por ingenua o qué- no pensé que iba a estar mucho tiempo. Era una mezcla de nervios, pero al mismo tiempo de expectativa, o sea, qué es lo que va a pasar. Es entonces cuando te hacen la reseña fotográfica, tan desagradable porque no sólo no lo esperaba, sino que no lo mereces porque no cometimos ningún delito. Ellos sienten que tienen poder infinito, es como que fuesen invulnerables. Te hablan con tanta soberbia. Me hicieron poner la camisa verde del uniforme para sacarme las fotos, la típica, como en las películas. Me llevaron a la Brigada 4 de Investigaciones durante seis días. La primera noche tirada en el suelo, esposada a la pata de un escritorio con el pulpo [esposas que atan manos y pies a la vez]. Todos esos días, día y noche, día y noche, preguntándome todo lo que quisieron preguntar, y todo lo respondí. Yo no tengo nada que esconder; mi trabajo ha sido público siempre. Un día el comisario me dijo: «Chica, tú no me estás dando nada. Si no me das nada, vamos a tener que ir contra tu propiedad».
EL MUNDO: El ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero se adjudicó el lunes en una entrevista en Onda Cero la liberación de muchos presos políticos. ¿Tuvo algo que ver en la suya?
Catalina Ramos: No, la mía estuvo dentro del marco de este proceso que está siendo para, entre comillas, propiciar una transición, y digo comillas porque la realidad es que sigue siendo parte de los mismos que causaron todo este dolor en tanta gente en Venezuela.
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