Durante siete años, el hogar de Mariángel Carrillo estuvo fijo en la ciudad de Weston, Florida. Se había mudado allí junto a gran parte de su familia dejando atrás su natal Barquisimeto, en Venezuela, debido a la creciente inseguridad.
Por CNN
En este municipio del condado de Broward se desempeñó como trabajadora social en una clínica durante los primeros cuatro años en el país. Posteriormente, se sacó una licencia y se cambió al rubro de los seguros. “Me fue muy bien, estoy muy agradecida del tiempo vivido, porque siento que Estados Unidos me dio una tranquilidad que no tenía”, cuenta Carrillo a CNN.
Pero esa tranquilidad dio un vuelco a lo largo de 2025. Con el inicio del segundo mandato de Donald Trump, la nueva política migratoria de su administración y los continuos operativos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas estadounidense (ICE, por sus siglas en inglés), el sueño americano de Carrillo se terminó convirtiendo en una pesadilla.
“De un momento a otro me sentí perseguida”, cuenta, notablemente afectada, a CNN. “Me sentí con mucho miedo de estar en la calle, de hablar, de dar mi opinión y yo por eso salí de mi país (Venezuela)”, lamenta la mujer. “Mi trabajo como bróker de seguros era en la calle, hablando con gente, buscando clientes…y ya no me sentía segura para hacer ese trabajo”, agrega.
Su temor era el mismo que el de tantos otros miembros de la comunidad hispana en Estados Unidos, que a lo largo de los últimos meses han expresado su inseguridad ante los múltiples operativos de ICE. “Nos quieren hacer ver que solo persiguen a la gente que hace daño o que está ilegal y no es así”, detalla conmovida.
Un miedo que la paralizaba a pesar de su estatus legal en el país, siendo que contaba con permiso de trabajo hasta el año 2030, según le explicó a CNN. “Hemos sido perseguidos personas trabajadoras, personas que contribuimos con impuestos…nos están tratando como criminales que nos somos”, reclama.
Carrillo es enfática cuando habla de la nueva política migratoria. “No estoy de acuerdo con lo que está pasando”, dice, y agrega: “Nosotros somos personas que queremos que el país donde nosotros estemos brille, porque eso nos hace brillar a nosotros también”.
Primer intento: bajar el perfil
De ahí que su primer paso fuera intentar bajar el perfil. Algo que la llevó, durante un tiempo, a cambiar su coche por el de su hermana, que describe como un automóvil de gama superior. “Me daba miedo estar en ese carro, porque esos carros los buscan”.
“También yo tenía una imagen de una Virgen en el vidrio y te decían que no era bueno tener esas imágenes, porque te tipificaba como miembro de un grupo latino”, añade.
Pero intentar pasar desapercibida no fue suficiente. De alguna forma, este cambio sobre las políticas migratorias le despertó el mal recuerdo de experiencias pasadas que, justamente, la empujaron a salir de Barquisimeto. “En Venezuela fue al contrario, tenías que bajar de gama (de automóvil) para que no te secuestraran”.
La decisión final
Así que no lo pensó dos veces y se animó a salir del país con rumbo a España. “España me regresó esa seguridad, esa tranquilidad”, afirma, ya más relajada. “El país me ha tratado muy amablemente…solo puedo decir cosas buenas desde que llegué”.
Su arribo data de septiembre de 2025, cuando aterrizó en Madrid para establecer su nueva residencia. Un cambio que pudo ejecutar tras lograr una visa de nómada digital, que le ofrece tres años de residencia mientras trabaja, mayormente, de forma remota para empresas extranjeras.
Desde entonces, Carrillo vive un idilio con el país. De ahí que sus planes a medio plazo pasen por quedarse en la capital española, donde se siente realizada y a gusto.
Particularmente porque siente que España trata mejor a los migrantes. “Dejar tu país para empezar una nueva vida, a cierta edad, ya es difícil”, reflexiona. “Que te ayuden, que te den la mano, que te lo hagan más sencillo, siempre se va a agradecer”.
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