Las bolsas que comercializaban los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) desaparecieron sin anuncio, sin explicación y sin disculpas. La última que llegó a la mayoría de las comunidades del estado Miranda fue hace cuatro meses. Desde entonces, lo único que queda es la incertidumbre.
Yosmar Meléndez fue testigo de esa desaparición silenciosa y, aunque reconoce que la bolsa la ayuda a aliviar momentos difíciles, insiste en que no quiere vivir pendiente de un beneficio ocasional, sino de un sueldo digno.
Ella es secretaria en una institución pública del estado Miranda y prácticamente gana salario mínimo más el bono de Guerra Económica. “No quiero una bolsa, quiero ingresos que me permitan comprar lo que necesito”, señaló Meléndez a El Pitazo el 5 de marzo.
La trabajadora cuestionó que el Gobierno no haya anunciado la eliminación del beneficio, a propósito de que muchas familias de bajos recursos dependían de este programa que creció marcado por constantes denuncias y quejas sobre su funcionamiento.
Y mientras las familias esperan respuestas sobre el CLAP, el Gobierno impulsa otro modelo: la reapertura de los PDVAL, una empresa estatal creada en 2008 en Venezuela, adscrita al Ministerio del Poder Popular para la Alimentación, que fue noticia dos años después de su lanzamiento, cuando se encontraron miles de toneladas de alimentos vencidos que habían sido importados con su subsidio.
A esta estrategia de abrir los PDVAL se suma la multiplicación de mercados a cielo abierto y ferias de alimentos “a precios solidarios”.
En Miranda, esta transición del CLAP a los PDVAL avanza con fuerza. El 28 de febrero fue reactivado el PDVAL de El Delirio, en San José de Barlovento. Esta reinauguración fue presentada como un logro que beneficiará a 5.100 vecinos y atenderá a 1.700 familias de siete comunidades.
El ministro de Alimentación, Carlos Leal Tellería, informó ese día que en el país existen 416 PDVAL en el país, de los cuales 121 ya están activos. El resto será reabierto progresivamente. La instrucción, según dijo, viene directamente de Delcy Rodríguez.
Ferias y mercados: alivio puntual, no estabilidad
En municipios como Simón Bolívar, en los Valles del Tuy, las jornadas del “Plan de Amor en Acción” también se han vuelto frecuentes. Allí se ofrecen proteínas y víveres a precios reducidos, con comparaciones oficiales que hablan de “67% de ahorro” frente al mercado convencional, según el Gobierno.
Sin embargo, estas ferias se instalan una o dos veces al mes y no garantizan abastecimiento continuo. Lo mismo ocurre con los mercados a cielo abierto en el resto de los municipios.
Para los vecinos, el problema no es solo la frecuencia: es la dependencia. “Hoy compro pollo barato aquí, pero mañana vuelvo al mercado y no puedo pagar nada”, comenta un residente de San Francisco de Yare. “No es comida lo que falta, es salario”, reitera.
La brecha entre el discurso y la vida diaria
En los actos públicos, las autoridades agradecen a Hugo Chávez, a Nicolás Maduro y a Delcy Rodríguez por “proteger la seguridad alimentaria”.
Sin embargo, los testimonios en las comunidades muestran otra realidad: familias que llevan meses sin recibir el CLAP que les ayudaba a aminorar la crisis económica; jornadas que alivian un fin de semana, pero no sostienen una dieta mensual y la reaparición de los PDVAL que no resuelven la inflación ni el poder adquisitivo.
“La reapertura de establecimientos puede mejorar el acceso puntual a alimentos, pero no sustituye la capacidad de cada familia de comprar lo que necesita, porque gana una miseria. Es otro ajuste improvisado en un país donde la política alimentaria cambia tan rápido como los precios”, dice una joven administradora que reside en un sector de bajos recursos.
En las comunidades, la demanda es la misma que ella plantea: no depender de operativos, sino de un ingreso digno.
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