La sucesora de Nicolás Maduro, Delcy Rodríguez, evidenció su molestia ante el paro de transporte que inmovilizó a buena parte de la ciudadanía en Caracas este lunes 16 de marzo, al calificar la protesta de los choferes como una traba para la movilidad de la población.
La nueva mandamás del régimen rechazó la medida de presión del gremio transportista y aseguró que el objetivo de la acción fue «impedir el derecho a la libre movilidad, que no es lo correcto». Fiel a la retórica del aparato de propaganda, Rodríguez exigió sumisión frente a la crisis y sentenció que «mi llamado es a que Venezuela trabaje, y que dejen trabajar a quien quiera trabajar (…)».
En un intento por matizar su enfado, la jefa del chavismo promocionó unos supuestos espacios de encuentro. En tal sentido, afirmó que «todos, sin excepción, van a ser escuchados», aunque no ofreció soluciones tangibles a las exigencias del sector.
Sin embargo, rápidamente retomó el guion habitual del régimen de culpar a terceros por el descontento social, cuando «lamentó mucho que, desde el exterior, con un teléfono, se sigue activando sectores extremistas del país».

