Elliott Abrams, también se encargará de las relaciones con Irán

El enviado especial de los Estados Unidos para Irán, Brian Hook, renunció este jueves y será reemplazado por Elliott Abrams, quien ya ostenta el cargo de enviado especial para Venezuela, de acuerdo a la agencia AP.

El anuncio llega en medio de un esfuerzo diplomático importante de los Estados Unidos dirigido a convencer a los miembros del Concejo de Seguridad de la ONU de extender el embargo a la venta de armas a Irán.

Se espera, sin embargo, que esta iniciativa fracase por la oposición de Rusia y China, miembros permanentes del Concejo de Seguridad que poseen poder de veto y se encuentran enfrentados a la política exterior de Estados Unidos.

“El enviado especial Hook ha sido mi mano derecha en Irán desde hace dos años y ha logrado resultados históricos contrarrestando al régimen iraní”, expresó el Secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo.

“Negoció con éxito la liberación de Michael White y Xiyue Wang de prisión, sirvió con distinción como Director de Planeamiento de Políticas y puso en marcha una serie de nuevas estrategias que protegieron los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos y nuestros aliados. Ha sido un asesor de confianza y un buen amigo”, expresó.

No estaba claro aún cuál es el motivo de la salida de Hook, aunque algunos allegados citan razones familiares. Como enviado especial el abogado republicano fue el encargado de llevar adelante, en conjunto con Pompeo, la estrategia de “máxima presión” sobre el régimen de Irán, que al momento no ha dado los resultados esperados.

Esta estrategia comenzó en 2018 cuando Estados Unidos se retiró del acuerdo nuclear con Irán, firmado en 2015 por el régimen persa y el grupo P5+1 (Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Rusia, China y Alemania).

El acuerdo se basaba en el levantamiento de ciertas sanciones impuestas sobre Irán, a cambio de que el régimen aceptara un paquete de medidas de control y transparencia sobre su programa nuclear, incluyendo visitas y controles periódicos de inspectores, para asegurarse de que Teherán no estuviera buscando desarrollar una bomba atómica.

El gobierno de Donald Trump alegó en ese entonces que los iraníes habían utilizado los beneficios obtenidos del pacto, encarado por la administración Obama, para expandir su influencia y desestabilizar Medio Oriente, al mismo tiempo incumpliendo con su parte del trato en lo referido al control de su programa nuclear.

Desde entonces, Washington ha estado intentando que Teherán acepte negociar un nuevo acuerdo, presuntamente de condiciones más duras, y para lograrlo ha acudido a las sanciones unilaterales y las presiones.

También ha buscado que los restantes miembros del Concejo de Seguridad aprueben la imposición de nuevas sanciones colectivas contra el régimen persa.

Por el contrario, Reino Unido, Francia, Rusia, China y Alemania, restantes firmantes del pacto, han intentando mantener el acuerdo nuclear con Irán, que se rehúsa a sentarse a negociar sólo con Estados Unidos, a flote.

Abrams, un reconocido “halcón” de la política exterior, tendrá ahora una doble función en la administración del presidente Donald Trump, y precisamente al mando de la política exterior con respecto a dos de los países más dolores de cabeza han dado a Washington en los últimos años.

En Venezuela, Abrams lideró las iniciativas para intentar que el dictador Nicolás Maduro abandonara pacíficamente el poder en Caracas, entregando el gobierno al presidente interino Juan Guaidó, un parlamentario elegido para ese rol por la Asamblea Nacional y que tiene el apoyo de gran parte de la comunidad internacional, incluyendo Estados Unidos, Canadá, Brasil y Europa.

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