Juan Pablo Guanipa, líder opositor venezolano, habla en SEMANA sobre el futuro político de Venezuela, los malos tratos que recibió durante su detención en manos del régimen y las reflexiones que le deja volver a la libertad.
Por Juan Felipe Useche Chacón | SEMANA
SEMANA: Después de todo este proceso del excarcelamiento y de la vuelta a la prisión domiciliaria, ¿cómo es estar de nuevo en total libertad?
Juan Pablo Guanipa: Salgo con la conciencia de que nunca debí estar preso, no cometí ningún delito y de que una sola hora en prisión sin haber cometido ningún delito es una aberración, una condena injusta, indudablemente. Luego, salgo con la convicción de que Venezuela va a salir de la situación que está viviendo.
Salgo, por un lado, a reencontrarme con mis hijos y, por otro, a seguir luchando para que Venezuela pueda concretar esa esperanza de ser un país libre y democrático. Lo viví en la cárcel y en la clandestinidad, tiene aprendizajes importantes y experiencias que uno no olvidará, pero también deja la convicción de que, en medio de las dificultades, uno tiene que crecer y ser fuerte.
SEMANA: ¿Cómo fueron esos meses en la cárcel, sabiendo la presión que existía sobre el régimen venezolano? ¿Tenían algún tipo de contacto con el mundo exterior?
Juan Pablo Guanipa: El contacto era muy poco. Me detuvieron en una acción de 35 funcionarios que se metieron en el apartamento donde estaba. Salí esposado de manos, pies y cintura. Estuve nueve meses en una sede de la Policía Nacional Bolivariana, solo, sin contacto con otros presos políticos ni otros procesados.
Fue una experiencia dura porque durante esos nueve meses casi no tuve contacto con mi familia. Vi a mi hijo mayor al día 51 de mi detención y a los otros cuatro hijos adolescentes los vi una semana antes de salir en libertad.
Los vi después de año y medio sin verlos. En cuanto al contacto con el exterior, todos los días me tomaban fotos con el periódico Últimas Noticias, un panfleto del régimen. Me tomaban la foto con ese diario para dar fe de vida y me lo dejaban. Esa era mi vinculación con el exterior.
SEMANA: ¿Qué fue lo más duro de todos esos meses detenido?
Juan Pablo Guanipa: Hace un poco menos de dos años falleció mi esposa. Inmediatamente después vino todo el proceso de la elección del 28 de julio de 2024 y yo inicié mi clandestinidad. Eso me separó completamente de mi familia. Los primeros días fueron nefastos.
Yo diría que allí hubo una demostración de tortura, aunque no haya habido golpizas ni electricidad. Pasar 21 días con el mismo uniforme y sin bañarme no es aceptable. Dormir en una colchoneta de una pulgada, prácticamente en el piso, sin cobija ni almohada, con un frío fuerte porque es una zona fría de Caracas, no tiene sentido. Además, había muchísimos zancudos. Uno tenía que dedicar el día a matarlos para poder estar un poco mejor.
Incluso el tema de la luz. Si a las siete de la noche yo quería dormir, no podía. Decían que la apagaban a las diez y muchas veces ni siquiera la apagaban. Hasta que me alcé y reclamé. Tuve una conversación con el jefe, fui muy duro y crítico sobre la situación y, a partir de allí, comenzó a mejorar un poco.
SEMANA: ¿Cómo se enteró del ataque de Estados Unidos y la captura de Nicolás Maduro?
Juan Pablo Guanipa: Eran alrededor de las dos de la mañana cuando comencé a notar un movimiento muy fuerte. Yo estaba durmiendo, pero el ruido de los policías era evidente. Me desperté, me paré en la puerta y comencé a preguntar qué estaba pasando. Algunos decían que nos estaban atacando los Estados Unidos; otros afirmaban que ya íbamos a salir de esto. Había distintas versiones.
Como a las tres y media de la mañana, una persona se me acercó y me dijo: “Se llevaron a Maduro, se llevaron a Cilia”.
En ese momento entendí la dimensión de lo que estaba ocurriendo en el país. Así fue como me enteré. Después no supe mucho más porque me quitaron los periódicos y prohibieron que la gente se acercara a mi celda. En esos momentos, uno también siente cierto temor, porque puede haber represalias.
Lea más en SEMANA

