Perú: Crisis por coronavirus es un peligro para refugiados venezolanos

Con más de 250.000 personas infectadas y casi 8.000 muertes debido al COVID-19, Perú está en tercer lugar entre los países más afectados de América Latina. El peligro es mayor para los refugiados venezolanos.

Carmen Parra es una joven doctora venezolana que vive en Perú desde hace dos años. Ella se encuentra entre las cinco millones de personas que han abandonado su país natal para probar suerte en el extranjero.

“Hace dos años dejé mi país de origen, Venezuela, debido a la crisis económica. Me vine yo sola con mis tres hijos. Mi esposo, mi madre y mi padre murieron. A pesar de que estudié Medicina, tuve que trabajar como recepcionista, camarera y cajera”, cuenta Parra a DW. La Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) ayudó a Carmen Parra a revalidar su título. “Ahora trabajo en un hospital en Lima y en una clínica privada de urgencias”, añade.

La médica de 35 años atiende a pacientes con COVID-19. Ella, junto con todos los médicos del lugar, está luchando para que la curva de contagios disminuya y para que el número de muertes, de casi 8.000, no siga aumentando.

Médicos venezolanos se enfrentan a la xenofobia

“Hace tres días traté a una persona de 65 años con síntomas de COVID-19. Su situación era muy delicada, pensé que no iba a sobrevivir. Hasta que un día estaba parado frente a mí, y me agradeció por haberle salvado la vida”.

En algún momento espera poder regresar a Venezuela, pero no en un futuro cercano, ya que solo en Lima puede, en este momento, trabajar y mantener a sus hijos: Sofía, de 13 años, Fidel, de 6, e Isabella, de 3.

Sin embargo, muchas veces la doctora se tiene que morder la lengua cuando recibe un trato hostil. “Algunos me dicen: ‘¿Eres venezolana y médica? No es posible’. Pero muchos han cambiado ahora su opinión acerca de nosotros, luego de que haberse tratado con personal médico de Venezuela”.

Crisis por la pandemia y crisis por los refugiados

La historia de Carmen Parra, y la de los médicos venezolanos que asisten a la gente que se encuentra en lugares remotos, a donde los médicos peruanos no quieren ir, son la excepción a la regla. La triste realidad es la de la mayoría de los refugiados venezolanos. “Muchos de los venezolanos nos dicen que solo comen una vez al día, que duermen más para tener menos hambre o que no comen para que sus hijos tengan algo para alimentarse”, señala Federico Agusti, representante de ACNUR en Perú, en entrevista con DW.

Unos 830.000 venezolanos viven en Perú, y son actualmente la comunidad extranjera más grande del país. 480.000 de ellos han solicitado asilo. “Nueve de cada diez venezolanos tiene trabajos informales, y en promedio ganan un 40 por ciento menos que los peruanos. La mayoría no puede ahorrar o prepararse para la estricta cuarentena que el gobierno impuso a mediados de marzo. Creemos que alrededor de 270.000 venezolanos están extremadamente afectados por la crisis del coronavirus: sin comida, medicamentos y sin techo”, explica Agusti.

Un peligroso camino de regreso hacia Venezuela

Federico Agusti ha dormido poco en los últimos tiempos, tratando incansablemente de ayudar a los refugiados ubicándolos en las 650 camas que ofrece ACNUR. Todos los días lo llaman personas que están contagiadas. El virus está golpeando más fuerte donde la desigualdad social es mayor. Pero, ¿cómo aislar a los infectados?, ¿cómo mantener distancia en un espacio cerrado? y ¿cómo rastrear las cadenas de infección?

Debido a la crisis del coronavirus, decenas de miles se dirigen a sus hogares, explica Agusti. “Muchos regresan a Venezuela porque temen que sus padres o abuelos, a quienes dejaron ahí, mueran de COVID-19. También nos dicen: ‘Si morimos a causa de un virus, que sea en nuestra casa’”. El coronavirus desató una segunda ola de refugiados en Perú. Pero esta vez se extiende sobre Ecuador y Colombia. Y esto es más peligroso: “Las fronteras están cerradas. La gente camina y las cruza ilegalmente. En el camino están expuestos a pandillas criminales y a la explotación sexual”, subraya el representante de ACNUR en Perú.

Con información de Dw.com

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