En Venezuela existe un partido que nunca ha ganado una elección. No por falta de adeptos, sino porque el chavismo nunca le ha permitido presentarse legalmente bajo sus propias siglas. Sin embargo, Vente Venezuela es hoy la fuerza política más importante del país. Un peso que de cara al exterior recae casi por completo sobre la figura de su fundadora y líder, María Corina Machado, pero que internamente se distribuye en una amplia red de colaboradores leales. ABC ha hablado con seis de ellos para conocer sus historias y sus convicciones.
Por Andrés Gerlotti Slusnys / abc.es
Nacido en 2012, el partido Vente Venezuela es una excepción en el panorama político venezolano: es la única organización que se define abiertamente como liberal. Su ideología es férreamente contraria al socialismo, apostando por el libre mercado, la propiedad privada y la formación de ciudadanos que no dependan del Estado. Desde sus inicios, los miembros del partido conciben su enfrentamiento contra el chavismo no solo como un reto electoral, sino como una «lucha espiritual», una convicción profunda que se ha convertido en su principal pilar de resistencia.
Lo que comenzó en 2010 como un movimiento ciudadano para acompañar a Machado al Parlamento, terminó consolidándose como un partido político estructurado tras la campaña presidencial de 2012. La hispanovenezolana Catalina Ramos, —quien, tras nueve meses de reclusión en El Helicoide, se encuentra hoy junto a su familia en España— recuerda que las bases exigían avanzar tras aquella fracasada elección: «El 90% de los voluntarios nos preguntaban cuál era el siguiente paso. Ahí decidimos tomar partido en la política del país».
El abogado Antonio Canova, hoy también exiliado en Madrid, se sumó para cimentar ideológicamente a esa naciente dirigencia frente al «socialismo que nos avasallaba». Para las nuevas generaciones, como la líder juvenil Albany Colmenares, el atractivo del partido fue su negativa a claudicar. «Mientras muchos hablaban de adaptarse, Vente insistía en llamar a las cosas por su nombre y no negociar principios. O asumía mi papel en la lucha o renunciaba en silencio», explica la politóloga a ABC tras siete meses recluida en un calabozo de la Policía Nacional. «Y yo no estaba dispuesta a vivir con esa renuncia».
Estructurar ese proyecto a nivel nacional comenzó desde la austeridad más absoluta. Desde el inicio, el abogado Henry Alviarez, coordinador de organización y hombre fuerte de Machado, recorrió el país en autobús y en un coche averiado para levantar el partido. «Hacíamos sacrificios para reunirnos con 10 o 15 personas por estado. Nunca nos frustró», asegura.
Alviarez, como tantos otros dirigentes de Vente, también fue recluido en las cárceles del régimen.
El coste personal
Sin embargo, a medida que el partido crecía y el chavismo arreciaba, el activismo empezó a tener un coste personal y familiar altísimo. Para los dirigentes de Vente, el punto de quiebre no fue una derrota electoral, sino el momento en que el régimen decidió ir a por las personas.
Al principio, el riesgo parecía menor. Ramos recuerda que en los primeros años involucraba a sus tres hijos pequeños en los recorridos. Pero, a partir de 2014, la represión forzó a su familia a emigrar. «Ahí me alegré de que no estuvieran, porque no eran objetivos de persecución», confiesa Ramos. «Pero al final no están contigo, y eso hace que uno viva la vida de otra forma».
El arquitecto Humberto Villalobos, coordinador electoral, asegura que «lo que más se sacrifica es el tiempo personal. Los proyectos familiares fueron sustituidos por un sueño de libertad». Por su parte, Albany Colmenares define el sacrificio como aceptar que tu nombre se convierta en sinónimo de riesgo para los tuyos. «Es saber que cada paso que das puede traducirse en una noche de angustia para tu familia. Ellos no eligieron la exposición, pero eligieron acompañarme».
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