Desde el 3 de enero, cuando un operativo estadounidense atacó con bombas la ciudad de Caracas, se llevó por la fuerza a Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores, presos hoy en Nueva York, y mató a más de 120 personas, Venezuela vive una situación difícil de imaginar apenas unos meses atrás. Las leyes, como la de hidrocarburos o minas, se reforman con rapidez para facilitar la entrada de capital extranjero; el chavismo antiimperialista mantiene contactos constantes con Washington; se aprobó una ley de amnistía que ha liberado a miles de presos —aunque sigue habiendo encarcelados o políticos sin libertad plena— y el nombre de Maduro empieza a diluirse entre urgencias más inmediatas.
Por Javier Lafuente y María Martín | EL PAÍS
Jorge Rodríguez (Barquisimeto, 60 años), el segundo dirigente más importante del país después de su hermana, Delcy Rodríguez, prefiere el término que esta acuñó —“un nuevo momento político”— para referirse a los actuales acontecimientos antes que hablar de transición.
Rodríguez aparece a las cinco de la tarde del viernes en uno de los salones nobles del Palacio Federal Legislativo vestido de lino, casual. Después de la entrevista saldrá hacia unas cuadras de ahí, al Palacio Miraflores, donde le espera una reunión con su hermana y presidenta, para abordar la lista de asuntos que apremian al país: el levantamiento de sanciones, la fragilidad de la economía, la llegada de inversiones, el impulso a la producción petrolera o la búsqueda de una base política capaz de contrarrestar a la oposición que encabeza María Corina Machado.
Rodríguez es un negociador experimentado y esquivo ante las preguntas más incómodas: evita concretar plazos sobre unas eventuales elecciones, niega intervención directa de Estados Unidos en las decisiones del país y prefiere dejar en el aire el destino de Machado, a la que acusa de haber promovido los ataques de Washington. Rodríguez se declara convencido de que la mayoría de los venezolanos respalda el rumbo actual. Es difícil medirlo. Su principal preocupación, en todo caso, coincide con la de un país exhausto: cómo reactivar la economía.
Pregunta. Se ha especulado mucho sobre lo que rodeó la captura del presidente Maduro. ¿Usted considera que hubo traición dentro del chavismo para que lo detuvieran y se lo llevaran a Estados Unidos?
Respuesta. Estoy seguro de que no en lo que tiene que ver con los mandos políticos y militares. De hecho, la entonces vicepresidenta Rodríguez estuvo trabajando con el presidente Maduro hasta el día 2 a las ocho de la noche. Ese mismo día a las 22 yo conversé telefónicamente con él. Entiendo yo que Diosdado (Cabello) también estuvo en contacto permanente con él en esas horas y, si hubiera ocurrido un evento de la naturaleza que está señalando, seguramente a esta hora ya se sabría.
Pregunta. ¿Qué está haciendo usted ahora que no podía hacer antes?
Respuesta. Lo que estamos haciendo todos nosotros, y me refiero al chavismo, es ponernos de acuerdo en la necesidad de cuidar y defender la paz junto con la soberanía y la independencia de Venezuela. Ahorita mantenemos unas relaciones con el Gobierno del presidente Trump basadas en el respeto, en la cooperación y en la necesidad de que avancemos en la economía, en incrementar la producción petrolera y también adaptar las condiciones de nuestras leyes para que esos procesos, que sin duda incluyen inversión extranjera, puedan avanzar.
Pregunta. Llama la atención que esa agenda tan ambiciosa se haya implementado en solo 90 días y no en los muchísimos años anteriores. ¿Cuál era el freno?
Respuesta. Yo creo que de los traumas se sacan muchos aprendizajes y muchas enseñanzas. Un sociólogo le hablaría de lo bueno de las crisis, pero como yo soy psiquiatra, prefiero hablar del concepto de trauma. De un evento tan traumático como el que vivimos hemos aprendido muchas cosas. Lo primero creo que es la necesidad de no ver al otro como un enemigo. Cuando en política empiezas a ver al adversario como un enemigo, la brecha se hace muchísimo mayor y se pasa por el no reconocimiento. Una de las pequeñas o grandes tragedias que vive la política venezolana es que los chavistas somos malos perdedores, pero los opositores son pésimos ganadores.
Pregunta. ¿Cuánto de todo lo que se ha adoptado en estos 90 primeros días estaba previsto antes de los ataques del 3 de enero?
Respuesta. Primero, la economía. Venezuela viene de una situación gravísima de bloqueo de sanciones en el pasado que generó un verdadero desmantelamiento del tejido económico del país. También, una situación que no se la deseo a nadie, que es la hiperinflación. Por supuesto, también hubo acciones inescrupulosas de algunos que recurrieron a las formas más espantosas de corrupción. Nosotros tenemos que reconocer nuestros errores, porque si no lo hacemos podemos correr el riesgo de volver a repetir ese problema.
Pregunta. ¿Está Venezuela tutelada por Estados Unidos?
Respuesta. No lo está. Lo que sí hay es una relación de cooperación, un proceso que nosotros quisiéramos que fuera más rápido, como es ir levantando de manera paulatina las sanciones a la industria petrolera y al sistema financiero venezolano. Eso sin duda va a generar un aumento de la inversión extranjera en petróleo, en minas, en gas, en servicios. Todo eso forma parte de todo este proceso de conversaciones.
Lea más en EL PAÍS

