A veces el cambio no se nota hasta que ya estás frente al oficial. Un viaje que parecía rutinario se vuelve más largo, una inspección se transforma en una entrevista y, de pronto, aparece una palabra que inquieta: “revisión”. En el mundo CBP, ese giro puede depender de un detalle mínimo o de una política que se activó hace semanas.
Por Clarín
CBP viene ajustando reglas y herramientas con un objetivo: aumentar el control real sobre quién entra, quién sale, cuánto tiempo se queda y qué información se usa para validar identidad. Y en ese camino, los migrantes y residentes se encuentran con un escenario más exigente, tanto en lo presencial como en lo digital.
La intriga está en la combinación. No es una sola medida, sino varias capas que se superponen: biometría más generalizada, herramientas móviles que recolectan datos personales, y una autoridad amplia para revisar dispositivos electrónicos en determinados contextos.
Para quien tiene green card o está en vías de obtenerla, el efecto puede ser indirecto pero real: más verificación significa más cruces de datos, y más cruces de datos significa que inconsistencias pequeñas pueden convertirse en demoras grandes.
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El primer cambio es estructural: la expansión del programa biométrico de entrada y salida.
Con la regla final, CBP queda autorizado a requerir que los no ciudadanos sean fotografiados al ingresar y/o al salir, con tecnología de comparación facial cuando corresponda. La clave es el alcance: se busca un sistema más uniforme y con menos exenciones.
Para el viajero, esto se traduce en más capturas biométricas asociadas a cada movimiento internacional, con el objetivo de confirmar identidad y mejorar el registro de estadías.
El segundo cambio tiene una cara tecnológica muy visible: CBP Home. El gobierno lo presenta como una aplicación con múltiples servicios, incluyendo un componente de “autosalida” voluntaria, que requiere que el usuario ingrese datos biográficos y una fotografía para iniciar el proceso.
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