El gremio docente venezolano vuelve a exigir un aumento salarial ante ingresos que no cubren ni lo básico. Entre testimonios de maestros activos y jubilados que sobreviven con trabajos alternos, la Federación Venezolana de Maestros y representantes universitarios acudieron al Tribunal Supremo de Justicia para exigir el cumplimiento del artículo 91 de la Constitución y la incorporación de los bonos al salario mientras se decide el caso
Redacción El Pitazo
Milagros Oropeza, una maestra con 20 años de servicio, le vio la cara a la miseria. Cada pancarta que levantó pidiendo un sueldo justo era una esperanza de que su voz fuera escuchada. No ocurrió. Su salario sigue estancado, pero la fe de que un futuro prometedor la mantiene intacta.
Esta docente jamás imaginó que tendría que buscar alternativas para subsistir. La repostería se convirtió en su salvavidas. Le gusta, sí, pero no tanto como enseñar.
“Cuando empecé a ejercer, el dinero me rendía e incluso podía ahorrar. Me casé, salía de vacaciones, tuve dos hijos y vivía dignamente. Ahora mi calidad de vida se fue al piso”, relató la educadora del estado Miranda, con evidente frustración.
Los gastos mensuales de su familia rondan los 600 dólares. Su ingreso como docente es de 165 dólares, de los cuales 160 provienen de bonos que no se incorporan al salario.
“Lo demás lo cubro con lo que me deja mi emprendimiento y con la ayuda de mi esposo. Vivimos el día a día”, dijo a El Pitazo.
Un ingreso congelado
El salario mínimo en Venezuela es de 130 bolívares desde marzo de 2022, cuando equivalía a unos 30 dólares. Hoy, tras la devaluación, representa menos de un dólar.
Los docentes dependen de bonos que no forman parte del salario formal y que no inciden en prestaciones, vacaciones ni utilidades. Los principales son: Bono de Alimentación: 40 dólares y Bono de Guerra Económica: 120 dólares
En la práctica, un maestro puede recibir entre 165 y 180 dólares mensuales, pero solo una fracción mínima es salario real. Esto afecta directamente a los beneficios laborales y deja a los trabajadores en una situación de vulnerabilidad.
Gremios educativos han advertido que esta estructura salarial viola principios básicos de protección laboral y empuja a los docentes a la pobreza.

Gremios educativos se reorganizan
Los maestros son, quizás, el gremio que más ha luchado por reivindicaciones salariales en la última década. Pero, el miedo por la brutal represión en 2024 apagó su lucha y silenció sus voces.
Ahora, sin Nicolás Maduro a cargo de la administración del Estado y ante señales de una transición en puerta en Venezuela, los gremios educativos se reorganizan para exigir lo justo y lo que le corresponde: salarios que les permitan vivir con dignidad.
En medio de este panorama, la Federación Venezolana de Maestros (FVM), junto con los decanos de las facultades de la UCV, ULA y LUZ, y diversos gremios universitarios, acudió el 2 de febrero al Tribunal Supremo de Justicia para exigir el cumplimiento del artículo 91 de la Constitución.
Este artículo obliga al presidente de la República a decretar anualmente el aumento del salario mínimo, un mandato que —según denuncian— no se cumple desde 2022.
La solicitud presentada ante la Sala Constitucional pide que se ordene al Ejecutivo Nacional decretar el aumento salarial para todos los trabajadores del país. El recurso fue recibido y consignado por el secretario de la Sala, y puede ser respaldado por cualquier organización sindical.
Los gremios también solicitaron una medida cautelar: que mientras se decide el fondo del caso, los bonos sean incorporados al salario. Esto permitiría que los trabajadores reciban beneficios laborales calculados sobre montos reales y no sobre un salario mínimo simbólico.
“Como expresión de la sociedad organizada, acudimos en nombre de los trabajadores de toda Venezuela para exigir lo que nos corresponde: un salario digno”, expresó la FVM en su pronunciamiento.
Seguirán tocando puertas
Como parte de esta lucha los dirigentes sindicales educativos de toda Venezuela se reunieron en Caracas y acordaron acudir el próximo miércoles 11 de febrero al Ministerio de Educación.
Entregarán un documento dirigido al ministro Héctor Rodríguez y a Delcy Rodríguez, encargada de la administración venezolana, para exigir un ajuste salarial y la continuación de la convención colectiva que quedó paralizada.
“Creo que estamos en el momento de unirnos todo el magisterio y los trabajadores del país para exigir nuestros derechos”, indicó la profesora Carmen Teresa Márquez, presidenta de la Federación Venezolana de Maestros (FVM).
Los dirigentes sindicales no proponen un monto de ajuste del salario. “Queremos que se aumente y que se cree una mesa de diálogo, porque también se debe hablar de la seguridad social; de los bonos y primas que fueron prácticamente eliminados”, remarcó.
El presidente del Sindicato Unitario del Magisterio del estado Zulia, Gualberto Mas y Rubí, adelantó que los dirigentes aprobaron mantener una red sindical, que incluye reactivar los sindicatos y consultar a los maestros sobre la lucha a emprender.
“No vamos a conseguir un aumento si no nos organizamos y no le decimos que los maestros no podemos esperar más por un aumento. Es dramática la situación que vivimos”, dijo el dirigente que participó en el encuentro en Caracas.
Insistió en que deben presionar para que se abra el debate sobre los ajustes salariales. “Uno va a la panadería y todo lo cobran a tasa de euro, pero los maestros tienen bases salariales que no superan los dos dólares”, denunció.
El dirigente gremial resaltó que el maestro trabaja en escuelas que no tienen electricidad o no les llega el agua potable y, además, debe lidiar con los bajos salarios, la falta de seguridad social y la persecución laboral.
Una crisis que golpea a activos y jubilados
Cecilia Hurtado, maestra jubilada de la gobernación de Miranda, también vive al límite. A sus 56 años asegura que nunca había atravesado una crisis tan severa.
“Tuve que buscar trabajo en una institución privada porque apenas cobro 112 dólares por concepto de Bono de Guerra Económica. Mi sueldo como jubilada es de unos 30 dólares porque soy docente categoría V. Y el bono de alimentación no me corresponde”, explicó.
La jubilación, que debería ser un alivio, se ha convertido en una carga. Muchos docentes retirados han tenido que volver a trabajar, aceptar empleos informales o depender de familiares.
José Gregorio Linares, docente de primaria en Caucagua, estado Miranda, asegura que su salario no cubre ni el transporte. «Solo en pasajes gasto 25 dólares semanales. Si no es por las clases particulares que doy en las tardes, no podría seguir trabajando. A veces siento que pago para poder ir a trabajar”.
Rafael Medina, profesor de matemáticas en el estado Lara, resume su situación con crudeza: «Yo no vivo del salario, sobrevivo gracias a los rebusques”.
Una esperanza que no se apaga
Los educadores consultados por El Pitazo coinciden en que es urgente aprobar un aumento salarial para todos los sectores del país.
Estiman que el sueldo debería iniciar en 300 dólares y luego escalar progresivamente hasta ubicarse entre 800 y 1.000 dólares, acorde con el costo de vida.
“Venezuela es un país rico y si los recursos se administran bien, eso repercutirá en mejoras para todos. Yo tengo esperanza de que todo cambiará pronto”, expresó Hurtado.
Mientras tanto, siguen enseñando con lo que tienen: vocación, paciencia y una resiliencia que se ha convertido en su herramienta más valiosa.
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