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"Estaba harta": la hija rebelde de Fidel Castro que escapó de Cuba disfrazada para radicarse en EEUU

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Actualmente, Alina Fernández tiene 70 años

El 19 de diciembre de 1993, en el aeropuerto José Martí de La Habana, una mujer de frondoso cabello castaño subió al vuelo 662 de Iberia rumbo a Madrid con un pasaporte español y un aspecto difícil de olvidar. Llevaba botas, pantalón azul aterciopelado, suéter blanco, impermeable y una gorra de béisbol con visera dorada. Los labios, pintados de un rojo intenso, terminaban de acentuar un disfraz llamativo. A simple vista, parecía una turista extravagante. Pero detrás de esa apariencia viajaba Alina Fernández Revuelta, la hija de Fidel Castro, que estaba huyendo de Cuba.

Por La Nación

No durmió en todo el vuelo. La adrenalina del momento la mantuvo despierta hasta el final del viaje. Cuando llegó a España y pudo refugiarse en la casa de un cubano nacionalizado español, se quitó la peluca y la ropa. A partir de ese momento, esa mujer marcada desde niña por su origen y por una historia que durante años se contó a medias, comenzó una nueva etapa en su vida.

“Estaba harta. Nunca he sido comunista”, diría después para explicar por qué se fue.

La infancia

Alina Fernández Revuelta nació en La Habana en 1956, y es hija de Fidel Castro y de Natalia Revuelta, una mujer de la alta sociedad habanera que acompañó de cerca los primeros años del movimiento revolucionario cubano.

Natalia, a quien sus amigos llamaban Naty, conoció a Fidel Castro en 1952. En ese momento estaba casada con un reconocido cardiólogo, Orlando Fernández, y tenía una hija. Desde los comienzos, Natalia simpatizó con la causa de Castro y puso su entorno social al servicio del movimiento. Trabajaba en la empresa petrolera ESSO y su casa fue uno de los lugares donde se hicieron varias reuniones secretas para organizar el asalto al cuartel Moncada. También vendió sus joyas para comprar armas.

El Cuartel Moncada era uno de los principales bastiones del ejército de Batista. La idea del ataque era impulsar una rebelión en Santiago de Cuba y abrir paso hacia la Sierra Maestra. Si las comunicaciones fallaban, Natalia debía hacer llegar a políticos y periodistas de confianza el manifiesto de Fidel Castro con las ideas del movimiento.

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